El examen visual anual no solo detecta problemas de refracción, sino también enfermedades serias como el glaucoma o la degeneración macular.
Muchas personas solo visitan a un optómetra cuando notan que algo falla: letras borrosas, dolores de cabeza frecuentes o cansancio visual. Sin embargo, esperar a sentir molestias puede ser un error costoso.
¿Qué detecta un examen visual completo?
- Miopía, hipermetropía y astigmatismo: errores refractivos con solución sencilla.
- Presbicia: dificultad para enfocar de cerca, típica después de los 40 años.
- Glaucoma: el "ladrón silencioso de la visión". La medición de presión ocular lo detecta a tiempo.
- Cataratas: el cristalino se opaca progresivamente. El diagnóstico temprano permite planificar el tratamiento.
- Degeneración macular: afecta la visión central; más frecuente en mayores de 50 años.
- Señales de diabetes e hipertensión: la retina refleja el estado de los vasos sanguíneos.
¿Con qué frecuencia debo hacerme el examen?
- Niños: al año de vida, a los 3 años, antes del ingreso escolar y luego anualmente.
- Adultos 18–40: cada 1-2 años sin lentes; anualmente si ya los usan.
- Mayores de 40: anualmente, por riesgo de presbicia y glaucoma.
- Mayores de 60 o con antecedentes familiares: cada 6 meses.
¿Qué pasa si no actualizo mi prescripción?
Una prescripción desactualizada obliga a tus ojos a un esfuerzo extra, generando fatiga visual, dolores de cabeza y puede acelerar la progresión del defecto, especialmente en niños y adolescentes.
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